El Gobierno aún no genera confianza y la compra de dólares de argentinos se acentúa: ya suma u$s76.000 M durante la era Macri

Es el monto de las compras totales en los dos años y medio de Cambiemos. Se habla de un nuevo valor de equilibrio en torno a $36

Estamos en un proceso cultural de bimonetariedad. La misma sociedad que apoya y dice vamos para adelante, es la que luego compra dólares”.

El autor de esta frase rankea entre los economistas más influyentes en el mundo empresario, Carlos Melconian, quien de este modo resume una de las mayores preocupaciones en Casa Rosada: el vertiginoso ritmo de compra de billetes verdes por parte de particulares y empresas.

No importa si el Gobierno es “pro mercado” o “anti mercado”, tampoco -al parecer- el hecho de tener tasas de interés en pesos por las nubes. Por pánico, por codicia o tan sólo por precio, los argentinos quieren dólares.

A la “batalla cultural” contra la divisa estadounidense perdida por el kirchnerismo -y que derivó en el inefable cepo cambiario-, tampoco el macrismo le encuentra la vuelta.

Tanto es así que los últimos datos oficiales del Banco Central marcan claramente cómo el proceso de dolarización del público va más allá de cualquier bandería política.

Ni siquiera este comportamiento puede asignarse al mal año económico del Gobierno, caracterizado por una inflación indomable, devaluación y pedido de rescate al FMI.

De los números del Central se desprende que tras haberle puesto fin al cepo, la compra de divisas por parte de personas físicas y de empresas fue creciendo sin pausa. Y, para peor, se desconoce el desenlace:

– En 2016, primer año de la era Macri, el público compró casi u$s20.000 millones en términos brutos

-En 2017, con la economía recuperándose pero con un evidente atraso cambiario, esa cifra escaló a la friolera de u$s32.800 millones

-En 2018, quedó a la vista cómo se aceleró la adquisición de moneda estadounidense, pese a una devaluación de casi el 70%: en los primeros siete meses, casi u$s23.500 millones

De esta manera, un cálculo sencillo indica de que en lo que va de la era Macri, las compras de particulares y empresas totalizaron nada menos que u$s76.000 millones.

Para tener una real dimensión de cuánto representa, esta cifra equivale a:

1. – Un paquete y medio del dinero que obtuvo Argentina por parte del Fondo Monetario Internacional (FMI).

2. – Considerando el resultado en términos netos, es decir descontando las ventas que particulares y empresas hicieron en los bancos, el rojo totaliza u$s44.000 millones (casi un paquete con el organismo).

La fiebre dolarizadora no parece tener freno en el corto plazo. Tal es así que para el mercado, el valor de actual de $30 en el segmento minorista tampoco es visto como un precio de equilibrio.

Siempre polémico, Melconian hace referencia a este tema y afirma: “El tipo de cambio tiene que ser tal que la tía no compre más dólares y que el cadete no se vaya a Itaparica o a South Beach. Ese es otro tipo de cambio, que no es $30”.

En esta coyuntura tan “caliente”, ya nadie puede asegurar con precisión a qué cotización debería escalar para que la dolarización tenga un freno.

Para peor, otro problema es que la dinámica de la crisis va modificando constantemente el valor estimado para la divisa.

Federico Sturzenegger se fue del Banco Central creyendo que un billete a $25 estaba completamente fuera de escala, y que esa cifra era producto de la falta de confianza de inversores en el país.

Cuando asumió Luis Caputo al frente de la entidad, se comenzó a hablar de un dólar de entre $27 y $28 como punto de partida, que luego iría acompañando la inflación.

De hecho, tanto él como su vice, Gustavo Cañonero, afirmaban que parte crucial del plan oficial era “estabilizar” el tipo de cambio para que en una segunda instancia el libre juego de la oferta y la demanda se encargue de ir ajustando el valor.

Ahora, con el billete arañando los $31 en bancos de la City, hasta parece desactualizado el precio en el mercado de futuros, donde se está pactando por debajo de $34 para fin de año.

El economista Orlando Ferreres tiene sus propios cálculos, de los que se desprende que si bien aún no llegó al precio de equilibrio, está muy cerca de alcanzar esa referencia.

Según sus proyecciones, debería ubicarse en torno a $35 o $36 teniendo en cuenta ciertos parámetros internacionales.

Por lo pronto, esa franja estaría marcando que todavía falta algo más de devaluación para que oferta y demanda lleguen al equilibrio, algo que también es compartido en varios de los principales bancos de inversión del mundo.

Desde el influyente BNP Paribas remarcan que a la divisa estadounidense en la Argentina, aun con la fuerte devaluación de estos meses, le falta escalar otro trecho.

“Después de examinar las posibles fuentes y usos de dólares para 2018 y 2019, concluimos que una mayor depreciación del peso es una cuestión de cuándo y no de si se va a dar”, anticipan.

“La Argentina parece quedarse sin dólares para defender su moneda, que se espera se mantenga débil debido al escenario macroeconómico actual”, advierten.

Además, desde BNP Paribas indican que las elecciones presidenciales de Brasil, la incertidumbre electoral local y el escándalo de corrupción que se ha disparado por los “cuadernos de las coimas” -y que involucra a varias empresas argentinas- afectan negativamente las perspectivas del tipo de cambio.

Si el precio actual no es percibido como el adecuado, resulta lógico que los particulares y las empresas sigan comprando.

El Gobierno intenta llevar calma

En Argentina, el proceso dolarizador parece estar por encima del partido político que gobierne: con kirchnerismo o con macrismo, los argentinos realizan sus transacciones cotidianas en pesos pero ahorran en moneda dura.

En tanto, el Gobierno cree que cuanto mayor sea el nivel de certidumbre en los inversores, menor será el ritmo de adquisición. Y, para ello, busca convencerlos de que ya dispone de todas las divisas necesarias para hacer frente a una eventual corrida cambiaria.

En ese marco, el vice jefe de Gabinete, Mario Quintana, junto con Gustavo Cañonero, vice del BCRA, y Santiago Bausili, secretario de Finanzas del Ministerio de Hacienda, se trasladaron días atrás a Nueva York.

Tal como se adelantara, la consigna era clara: decirles en persona que las políticas económicas implementadas resultan sostenibles y que no hay riesgo alguno de otro default de la deuda.

También, convencerlos de que los dólares que Argentina necesitará el año que viene ya están asegurados.

“Cañonero explicó que el acuerdo con el FMI puede ampliarse y también acelerarse. Remarcó que el Gobierno hasta podría solicitar el adelanto del dinero e incluso que le acerquen más que los u$s50.000 millones previstos inicialmente”, detalló uno de los asistentes a esas reuniones.

No obstante, recalcó que por ahora sólo forma parte de un “plan B” que los funcionarios tienen en carpeta por si se complica el escenario global.

De esta manera, les transmitieron a los financistas del exterior que no hay forma de que la Argentina tenga problemas para cancelar sus deudas en el transcurso del año electoral.

Además, dieron cuenta de la buena sintonía que tiene la administración de Cambiemos con el FMI, que avala plenamente el plan de desarme de Lebac aun aunque esto le signifique al BCRA tener que desprenderse de reservas.

Con todo, los grandes fondos se muestran algo escépticos ante la estrategia oficial.

“Las presentaciones fueron un tanto flojas. No está claro que el país pueda atacar el tema fiscal y menos en un año electoral”, dijo a este medio un banquero que participó de las reuniones.

Los fondos de inversión quisieron saber cómo sigue la pelea del Banco Central contra la inflación y el alza del dólar. En este marco, Cañonero dejó algunas definiciones:

1. -Las últimas medidas del Banco Central (tasas al 45%, suba de encajes y demás) demostraron que la entidad va en serio en su lucha contra el aumento de los precios.

2. – Señaló que ahora se apunta a controlar la demanda de dinero para así acotar la volatilidad del tipo de cambio

3. – Sostuvo además que el objetivo final es llegar a la flotación cambiaria, pero que en este momento es peligroso su implementación “pura”, y es por eso que el BCRA interviene en el mercado

Por su parte, Bausili trató de llevar calma al referirse a las necesidades de financiamiento netas, estimadas en u$s8.000 millones.

Adelantó que, de ese total, u$s3.000 millones van a ser captados en el mercado internacional y los otros u$s5.000 millones, en la plaza local.

Esto, en la medida en que el total de Letes pueda ser refinanciado, algo que no viene sucediendo.

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