Los mercados miran a Venezuela: los bonos de mediano plazo suben ante expectativa de cambio político

Los precios de la principal serie de bonos soberanos de Venezuela subieron 7% en Wall Street y cotizan al 30% de su valor nominal, lo máxima en 6 meses

El primer impacto en los mercados financieros luego de que el líder de la oposición de la Asamblea Nacional venezolana, Juan Guaidó, se autoproclamara presidente interino de su país fue claramente positivo.

De hecho, los precios de la principal serie de bonos soberanos de Venezuela se dispararon un 7% en Wall Street, para cotizar al 30% de su valor nominal y de esta manera alcanzar su máxima cotización en seis meses.

Aunque estos niveles son muy bajos para un bono y aún reflejan una altísima probabilidad de que esa deuda permanezca impaga, el movimiento refleja cómo los inversores internacionales se están posicionando ante la eventualidad de que un nuevo liderazgo en Venezuela mejore la situación económica del país y permita llegar a acuerdos de reestructuración con los bonistas.

Esta suba también se propagó a otros bonos soberanos, como el 2019 y el 2020, pese a lo cual en el caso del primero, que vence en abril de este año, el rendimiento es de un 282% en dólares, por lo que el mercado ya lo considera en categoría de default; y el segundo, que cae a fines del año que viene, rinde un 84% en igual moneda.

La misma suerte corrieron los bonos de la petrolera estatal PDVSA, cuya rentabilidad cedió levemente, pero aún se mantiene en el orden del 33%.

Nuevo entorno

Por lo pronto, el nuevo entorno ha abierto el apetito del mercado financiero, que observa con buenos ojos la posibilidad, aún incierta, de que el Gobierno de Maduro llegue a su fin y que se logre conformar una nueva administración que cambie el rumbo del país, en particular a partir de la recuperación de la producción de petróleo, que en la actualidad se encuentra en mínimos históricos.

“La oposición ahora está unida en torno a un nuevo líder con una estrategia más radical”, dijo Siobhan Morden, jefe de la estrategia de ingresos fijos de América Latina en Nomura, Nueva York. “Es posible que pronto llegue a un punto de ruptura, mientras que el estrés del flujo de caja continúa empeorando y la crisis política se transforma en una crisis social”.

Según el experto en Finanzas, José Ignacio Guarino, los tenedores aprecian que puede haber un cambio político pronto en Venezuela. “En teoría hay muchas expectativas sobre Venezuela desde que la Asamblea Nacional fue asumida por Juan Guaidó a nivel internacional”, precisó al tiempo que señaló que es un juego de expectativas, la geopolítica está jugando un papel importante sobre el tema.

Pero la cuestión no es tan sencilla, pues los analistas plantean sus dudas acerca de “qué decisiones va a tomar la Asamblea Nacional, que el mundo reconoce como legítima, y qué forma de gobernanza va a proponer, así como qué tipo de reconocimiento externo va a recibir su propuesta”.

“Hay un consenso entre expertos y políticos en la oposición que, de producirse un cambio de gobierno, una de las primeras medidas sería solicitar la ayuda del FMI y otros organismos multilaterales con el fin de ponerse al día con los pagos internacionales, recuperar acceso a los mercados, y financiar la recuperación”, dice Juan Pablo Fuentes, economista de Moody’s Analytics.

“Los mercados verían esta opción con buenos ojos dado que el país aun posee el potencial petrolero para generar suficientes recursos a mediano y largo plazo”.

“Han aumentado los chances de una transición, pero no me atrevería a decir que es el escenario más probable en el corto plazo”, agraga Fuentes.

“La cúpula militar, la cual maneja el negocio petrolero y está envuelta en el narcotráfico, aún tiene mucho que perder con una transición. Para que se dé tendrían que cumplirse ciertos requisitos, entre ellos una ruptura en las fuerzas armadas, un incremento en el apoyo popular al nuevo liderazgo opositor, y una mayor presión internacional. Habrá que continuar observando a ver si estas condiciones se cumplen en las próximas semanas”.

“Los precios extremadamente bajos de la curva de bonos de 2020-2027 han sido sensibles a la posibilidad del cambio de régimen, y hemos visto un rebote en los bonos de PDVSA, los que seguimos prefiriendo”, dice Morden, de Nomura, recordando que se trata de una apuesta de alto riesgo.

Interés en activos venezolanos

Si bien el salto en las cotizaciones se produjo en el denominado 23-E, desde ya hace varias semanas comenzó a notarse cierto interés en los activos del país caribeño, tanto financieros como incluso inmuebles, ante la escalada de la crisis política.

De hecho, según Alejandro Rubinstein, portfolio manager de Latam Wealth, “hay una emergente percepción de que Maduro no va a terminar su mandato, por lo que algunos inversores sofisticados de alto patrimonio, y dispuestos a correr un alto riesgo, están analizando qué alternativas podrían ser interesantes”.

El ex jefe de la mesa de dinero de Citigroup para Latinoamérica agrega que “he estado mirando algunos edificios de oficinas en Caracas; los activos están extremadamente baratos”.

“Pero ojo, el país está destruido económicamente, por lo que si se da una inflexión política, los precios subirían pero solo por un cambio en la percepción. Estoy mirando muy de cerca la deuda, pero podría ser un poco temprano para comprarla”.

Pero Rubinstein no es el único que sigue el tema con atención. “Parece poco probable que Maduro pueda sobrevivir al exiguo nivel de producción de petróleo, sus bajos precios y las amenazas de un mayor aislamiento de la industria petrolera, en medio de litigios y sanciones”, dice Siobhan Morden, estratega jefe de renta fija en Nomura Securities.

“Esto explica algunas recientes compras de oportunidad en bonos en condición de default, considerando que en 2018 Venezuela ya entró en impago frente a algunos de sus acreedores”, agrega.

Para el economista Luis Palma Cané, tomando en cuenta la delicada situación de Venezuela, “los bonos de ese país son solo recomendados para carteras extremadamente agresivas y en dosis homeopáticas”.

Ello en un contexto en el que la magnitud de la crisis financiera del gobierno es tal que según la especialista de Nomura, “los pasivos fijos en dólares de Venezuela superarán a los activos en el corto plazo,  año, a menos que puedan renegociarse los compromisos con Rusia, China y los acreedores del CIADI”.

En tal sentido, en 2019 hay vencimientos de capital e intereses por casi u$s10.000 millones y el flujo de caja de PDVSA, la fuente de ingresos de Maduro, estaría en esos mismos niveles”, dice Alexander Guerrero, presidente de la consultora TecnoEconómica, especializada en bonos venezolanos.

“El default se generalizará y el desorden financiero lo tendremos este año”.

Más allá de los problemas económicos y humanitarios que son por demás acuciantes, el panorama para el actual gobierno es extremadamente complicado, ya que a la creciente escasez de divisas, se suma la presión internacional, y una inflación que, según el FMI subiría 10 millones por ciento este año.

La deuda en default

De acuerdo a algunas estimaciones privadas, en la actualidad Venezuela acumula u$s9.000 millones de intereses impagos.

De ese total, unos u$s4.000 millones corresponden a la serie que lideró las subas en Wall Street con vencimiento en 2027. Cabe apuntar que desde noviembre de 2017 se encuentra en situación de default, pues en ese momento Maduro anunció la suspensión del pago de intereses algunos títulos, incluidos estos.

Por otra parte, el primer compromiso de pago de la deuda este año estaba pautado para ser ejecutado el 14 de enero, en esa fecha el Gobierno debía cancelar 70 millones de dólares a los inversionistas poseedores del bono Venz 2034s.

Hasta el momento no ha trascendido información sobre si el desembolso fue hecho parcial o totalmente por alguna de las instancias del Ejecutivo facultadas para ello, lo que se presume que el referido monto pasó a engrosar el monto adeudado que sumó al cierre de 2018 alrededor de u$s7.900 millones en en compromisos de deuda externa no pagados ni por la República ni por Petróleos de Venezuela.

En cuanto a la deuda soberana trascendió que el 6 de diciembre de 2018, cinco fondos de inversión estadounidenses se agruparon para demandar el pago de u$s1.500 millones del bono Venz 34.

La acción se inició ante el Bank of New York Mellon, debido a que el Gobierno incumplió con el desembolso de $140 millones que debió cancelar este año por concepto de intereses.

La demanda sobre el Venz 34 provocó acciones por parte de otros acreedores. A mediados de diciembre, la firma Casa Express Corp exigió ante la Corte del Distrito Sur Nueva York la cancelación de u$s34 millones por el impago del Bono Venz 18 (13,625%) que venció en agosto.

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